Sombrero de pluma. Capítulo 17.

Sombrero de pluma

Rata ratera

A Paloma se le estaba zafando de sus alas. Las plumas eran un gran impedimento para sostener algo, más inútil se volvió su pico. A pocos momentos de que se cayera, Palomo volvió en sí después de un espanto fatal del pequeño huevo que habían engendrado. Cuando se dio cuenta, literalmente estaba colgando de cabeza, extendió sus alas y regresó al nido. No obstante, el gusto de volver se vio interrumpido por la noticia recibida hace poco.
  • ¿Qué vamos a hacer? – preguntó Palomo
  • Brr, lo único que hacer, brr.
  • ¿Dejarlo con el veterinario? – deseoso
  • No seas idiota, brr – enojada –, vamos a cuidarlo, brr, total ¿Qué son dieciséis días? Brr.
  • ¿Nace en dieciséis días?
  • Eclosiona, brr, de ahí habría, brr, que cuidarlo, brr, y alimentarlo, brr, y sus cuidados.
  • Como que iré de nuevo con el veterinario.
  • Brr ¿Para qué? Brr.
  • Para que me capture y no tenga que cuidar a ese huevo.
  • Brr, no empecemos de, brr, nuevo.
  • Está bien, está bien, no pelearé contigo.
  • Y brr, ¿Cómo le llamaremos? Brr.
  • Si es hembra Paloma junior y si es macho Palomo segundo.
  • Brr, no me gusta ninguno, brr, hay que darle, brr, un mejor nombre.
  • ¿Cómo le quieres poner?
  • Ahí está, brr, el detalle, brr, no lo sé.
  • Te parece que vayas a dar una vuelta para que te distraigas un poco, si quieres ve a ver los niños y conseguir dulces, ves que hoy es donde dan muchos dulces.
  • Sí, brr, ¿Por qué lo harán? Brr.
  • Quizá por gentileza o porque tienen muchos.
  • Brr, no lo creo, brr, pero sí me voy, brr, a volar por paletas.
  • Vuela con cuidado, yo cuido al huevo.
  • No vayas a, brr, desaparecerlo, brr, o si no, brr, te voy a desaparecer a ti.
  • Como si no me conocieras, Paloma.
  • Brr, te lo digo porque, brr, te conozco. Bueno, brr, me voy.
  • Con cuidado.
Paloma salió del nido mientras que Palomo se puso enfrente del huevo, lo observó por mucho tiempo hasta que le empezó a hablar como si estuviera escuchándole perfectamente y pudiera contestarle. Así que tú eres el huevo, ¿Qué se siente estar allá adentro? – preguntándole.
Voces de niños y jóvenes, adultos y ancianos se escuchaban hasta dentro del nido sin tener ninguna respuesta del huevo. Que idiota estoy, ¿Cómo creo que un simple huevo me va a escuchar? No es como si le dijera que golpee el huevo para que me escuche – replicó. De pronto un pequeño golpe en el huevo se hizo presente al terminar la oración de Palomo, como si realmente le estuviera escuchando alguien allá adentro. A ver, da otro golpe si me puedes escuchar – dudoso. De nuevo se escuchó un crujido y un golpe dentro del huevo. Estoy sintiéndome muy extraño, pero creo que sinceramente me pudieras caer muy bien. No le vayas a decir a Paloma, pero yo te quiero mucho y no dejaré que nada te pase, sé que digo bromas del que no te quiero y sus similares, pero no es así. Te quiero mucho. Lo abrazó momentáneamente y de repente escuchó que muchos dulces se cayeron, se asomó y era un verdadero festín de dulces y palomitas, lástima que Paloma se perdiera de este bufete por andar en quien sabe dónde. Palomo se abalanzó sobre las palomitas dejando al nido con el huevo y la menor preocupación eran las hormigas, el verdadero peligro que acechaba eran las ratas o los gatos y en esta noche fría las ratas habían salido de las coladeras por el olor de tanta comida.
De una coladera salieron dos ratas negras con cola café, dientes horriblemente largos y filosos, una de ellas no tenía un ojo porque lo perdió en una pelea contra otra rata, se iban a abalanzar sobre los dulces que estaban tirados, pero había mucha gente a su alrededor, antes de volver a la alcantarilla una de ellas olió el nido donde estaban el huevo.
  • ¿Hueles eso? – dijo una de las ratas
  • Nada más huelo los dulces – replicó la otra
  • Huele bien, hay un huevo de ave.
  • ¿Dónde?
  • Me imagino que en esa jacaranda así que hay que subir.
  • Y ¿Si están las palomas?
  • No lo creo, subamos a echar un vistazo.
Ambas subieron a la jacaranda, una se quedó en una rama debajo del nido esperando escondida y pacientemente en lo que la otra subía a robarse el pequeño huevo indefenso. La segunda rata pudo subir y una vez que estaba en el nido tomó el huevo con sus patas delanteras, estaba dispuesta a aventarse para irse con el huevo. En ese momento llegó Palomo.
  • Mira pequeño, pude conseguir estas palomitas, pero saben del asco… – vio a la rata – ¿Quién eres tú?
  • Un pobre que quiere comer una vez – contestó la rata
  • ¡Deja a mi huevo en paz! – amenazó Palomo
  • ¿O qué? – reprochó la rata
  • ¡No querrás conocerme!
La rata se abalanzó a Palomo, él quedó abajo y sus alas le protegían de los arañazos que lanzaba a destajo la rata. Palomo la lanzó fuera del nido quedándose inmóvil por unos valiosos segundos los cuales aprovechó Palomo y con una rama salió a picotearlo. La otra rata aprovechó para meterse y robarse el huevo, todo iba bien hasta que el hambre de la rata fue más que su propia voluntad. La baba brotaba a destajo. En un movimiento rápido y con sus afilados dientes rompió el cascaron del tan indefenso huevo. El nido se cubrió de sangre y otros líquidos innombrables. Palomo regresó al nido y descubrió infraganti a la rata cometiendo su acto tan vil. ¡MALDITA RATA! – gritó Palomo.
Palomo se abalanzó sobre la rata y empezó a picarle, arañarle y a desgarrarle lo que podía. En un movimiento Palomo, con una fuerza tremenda, llevó a la rata a un lugar más alto que el propio árbol de jacarandas y lo lanzó a unos basureros con muchos vidrios rotos. Mientras caía, sus chillidos de comenzaron a hacerse presentes. En caso de que la caída no lo matara, lo harían los gatos bodegueros que ahí estaban. Regresó a su nido y vio todos los restos, las hormigas aprovecharon para deleitarse con un huevo revuelto. No pudo contenerse y soltó algunas lágrimas de desesperación e impotencia.
Regresó Paloma muy entusiasmada porque fue a la calle donde vivía Ceferino y los vio, pero al ver el nido se le borró la felicidad.
  • ¿Qué hiciste aquí, Palomo? – preocupada
  • Me atacaron dos ratas – sollozando
  • ¿Qué pasó?
  • Fui por unas palomitas tiradas, cuando regresé una rata me atacó y pude deshacerme rápido de ella. Cuando volví de nuevo otra rata estaba comiendo al huevo y la lancé a los contenedores de los gatos.
  • ¿Por qué no estuve aquí?
  • Aunque estuvieras estado tú y yo, nos hubieran atacado igual.
  • No se hubieran comido el huevo.
  • Tal vez no, pero nos hubieran comido a alguno de los dos.
  • Tienes razón, pero me duele de todas maneras.
  • Ven Paloma, a los dos nos duele esto
Ambos se abrazaron y empezaron a llorar por la muerte del pequeño huevo que apenas iniciaría su larga vida.



Décimo octavo capítulo: 
Créditos: Doctor Suavecito

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