Costas III. Cuadragésimo cuarto microrrelato.

Costas III

En la tercera isla hubo un cambio muy importante y fue en sus aguas cercanas a la costa, tenía una temperatura mayor comparada con las anteriores.
Rápidamente el calor secó el agua salada; sin embargo, también me deshidrató. El guaje me sirvió pues el agua no se evaporó. Es curioso como nuestro amor sí fue evaporado por una bocanada de tu indiferencia y cegado por un sol abrazador por celos enfermizos y desconfianza inválida.
Aquí encontré criaturas sin ojos, quizás por las tormentas de arena que pueden presentarse aquí.
El sol comenzaba a provocarme insolación. Recuerdo estar contigo, un calor intenso y los dos malhumorados por cosas triviales y realmente sin sentido. ¿Por qué peleamos sin poder resolver esas cosas tan simples? Quizás sea por tu egocentrismo y mi ingenuidad junto con mi irracionalidad.
Cerca de mi muerte, caí entre dunas. La noche cayó y recobré el conocimiento. Algo me arrastró en todo ese tiempo desvanecido, no supe qué fue. Pretendo que hubieran sido esas cosas sin ojos que vi atrás. ¿Me habrán guardado para cenar o simplemente no les gustó mi sabor? Realmente no lo sabré...
Olí el mar. Con mis últimas fuerzas corrí hacia allá. Para mal de mis pesares, tan solo era un lago de agua salada. Aunque hubo algo interesante de ese cuerpo de agua, había mucha vida que estaba acoplada a ese entorno salado: peces y un par de insectos que salían de la arena para beber. Seguí mi viaje sin retorno. Sentía como si bajara al infierno, semejante a las peleas y discusiones tenidas en nuestra relación; siempre cedía para evitar más confrontaciones, ¿Por qué jamás creíste en mi amor puro y sincero?
Durante la noche comencé a helarme por el frío del lugar. Escuché algo que me seguía dentro de la arena, pero nunca observé qué era. Quizás tampoco supe ver ni comprender todo lo que me decías.
Al amanecer llegué al mar. Celebré pues finalmente podré salir de ahí para la otra isla, aunque me dolerá al igual que el amor dado por ti, mi próximo destino sería la isla más alta de todas. Tal vez desde ahí podría ver todo mi entorno como el que jamás pude ver en tu amor...


Créditos: Dr. Suavecito.

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