Amarte me duele.
Amarte me duele, me duele no tenerte.
Me duele buscarte, y saber que no puedo encontrarte.
Me siento tan insuficiente, tan pequeña, tan fácil de reemplazar, por no poder hablarte.
Por no preguntarme: ¿Por qué ya no me quiere mirar?, quiero entenderte.
¡Quiero tener una razón para vivir, porque el miserable amor que me tengo a mí misma no alcanza para querer no morir!, no alcanza para convencerme de que vale la pena seguir si no puedo compartir la vida contigo.
Por eso necesito algo más grande.
Necesito un amor que mantenga mi sangre caliente y mi cabeza ocupada, pensando en cómo hacerte feliz, porque sé que esa también es mi felicidad, porque si tú sonríes, yo siento que todavía respiro, y si tú estás bien, por un momento, olvido que yo no lo estoy.
Hay veces en las que ya nada duele, y eso me asusta, porque me siento tan vacía, tan fría, que ya no sé si estoy viviendo o solamente estoy existiendo, pero entonces recuerdo que no me quieres, y las lágrimas empiezan a caer, no salen porque sea débil, salen porque todavía siento, y el dolor que me causas ya no se parece al sufrimiento, se parece a un latido, porque mientras me siga doliendo que no me quieras, todavía queda algo vivo dentro de mí, qué triste que la única prueba de que sigo viva sea
seguir muriéndome cada vez que pienso en ti.
¡Y es tan absurdo!
Paso los días deseando que deje de doler, pero cuando por un momento dejo de sentir, empiezo a temer. Porque si dejo de extrañarte, ¿qué me queda por esperarte?
Si dejo de pensarte, ¿con qué voy a encontrarme?
Si dejo de imaginar que un día vuelves a buscarme, ¿qué esperanza me queda para seguir levantándome?
Te vuelves mi costumbre, mi principio y mi final.
El primer pensamiento que cruza mi mente y el último antes de intentar descansar. Todo termina llevándome a ti. Hasta el silencio tiene tu voz, hasta la noche tiene tu nombre, y hasta mi corazón se acostumbra a latir por los dos.
Créditos: Sykes.
Adaptación: Dr. Suavecito.
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